El lugar donde hoy se levanta la pujante ciudad turística que es Villa Carlos Paz, tuvo como primeros habitantes al pueblo comechingón, que dejó sus huellas a orillas de ríos y arroyos. En el año 1573 llegó el conquistador español, que dispuso la división de las tierras y el reparto de sus habitantes en encomiendas.
En el año 1891 se construyó el Dique San Roque, que en su momento fuera el más grande del mundo, cuya función fue la de abastecer de agua potable y para riego a la ciudad de Córdoba, capital de la provincia. El embalse producido inundó un amplio y verde valle quedando formado un magnífico lago, cuya existencia marcaría para siempre el destino de Villa Carlos Paz.
En el valle que ocuparon las aguas se levantaba el casco de la estancia “Santa Leocadia”. En esas tierras, llamadas antes “Estancia Vieja o de Quisquisacate”, se había levantado una ermita en 1655 y otra nueva en 1733, y las dos quedaron bajo el agua junto con el casco. Don Rudecindo Paz había comprado la estancia en sociedad en 1869 y era su único dueño desde 1870; con el embalse decidió trasladarse sobre el faldeo de la sierra, lejos de las aguas. Con el correr del tiempo, Carlos Nicandro, uno de los hijos de Don Rudecindo, accedió a la propiedad de vastas extensiones de campos (unas 5.600 has.) e inició la explotación ganadera y del bosque serrano.
La apertura de un nuevo camino, el de las Altas Cumbres de las Sierras de Córdoba, comenzó a generar un importante movimiento de personas. Fue entonces cuando Carlos Paz decidió abrir en 1915 un pequeño albergue, que sería el primer hotel del lugar. Si bien no hubo un acta que testimoniara la fundación, se adopta la fecha del 16 de Julio de 1913, que es la que consta en un plano del pueblo trazado por el propietario de las tierras, de treinta manzanas y ya con el nombre de “Carlos Paz”. El movimiento turístico, además del pequeño hotel de cuatro habitaciones, se manifestaba a través del alquiler de propiedades de los amigos del fundador en época de verano.
En el año 1921 se radica en la zona el Dr. Enrique Zárate que inicia el primer emprendimiento urbanístico que llama Villa del Lago, construyendo sobre grandes espacios 10 magníficas residencias que aún sorprenden en nuestros días. Con el correr del tiempo, hacia 1930, se fue produciendo la división de los campos a través de los herederos y comenzó de esta forma la llegada de capitales que iniciaron la creación de loteos.
La monumental Cruz de 12 metros de altura se construyó en 1934, en hormigón armado, y los materiales fueron elevados a la cima de la sierra a lomo de mula. En 1944 se levantó el nuevo paredón del dique. El turismo, gracias al auge del automóvil, comienza a crecer en cantidad de visitantes y los hoteles aumentan en número y calidad, iniciándose un proceso que ya no se detendría.
La prueba de este crecimiento se hizo palpable en 1955 cuando queda inaugurada la Aerosilla, una telesilla que lleva hasta la cumbre de unos de los cerros que limita la ciudad. Tres años después, el 25 de mayo de 1958 se construye el reloj Cucú más grande del mundo, con el apoyo técnico de europeos llegados para radicarse en la Villa. Al aumentar el caudal de turistas, las empresas y pequeños capitales acuden masivamente a cubrir los servicios y así llegamos a nuestros días en que Villa Carlos Paz se muestra como una de las tres ciudades turísticas más importantes de la República Argentina.
El magnífico clima con las cuatro estaciones bien definidas, las bellezas naturales y la infraestructura aportada por el hombre, convierten a este lugar en un punto de concentración turística digno de ser disfrutado todo el año. Fuera de la época veraniega, llegan a la ciudad contingentes estudiantiles, de la tercera edad y el turismo propio de los congresos y convenciones, que encuentran un excelente espacio a orillas del lago y todos los servicios que brinda la hotelería y la gastronomía. Complejos de entretenimiento para todas las edades y un frenético ritmo nocturno con Casino y centros bailables coronan la oferta turística de Villa Carlos Paz.
Según el Censo Nacional de 2022 la ciudad tiene 71.274 habitantes estables y es una de las de mayor índice de edificación anual, lo que hace que se vuelva siempre cambiante y novedosa para aquellos que no la visitan asiduamente.

